domingo, 3 de octubre de 2010

Sorpresas

Hay una cosa que me encanta de Florencia, y es que guarda, atesora, sorpresas para el que sabe mirar.
Es cierto que sobre la ciudad flota una bruma de cúpulas, palacios, motos, turistas y gelatti que empaña y da una caótica homogeneidad a la imagen, pero esto no lo es todo. Florencia es mucho más que eso, mucho más que sus tópicos y monumentos conocidísimos por todos. Florencia es sus plazuelas, sus hornacinas con imágenes de la Virgen, sus casas viejas cuyas familias perdieron la fama o el dinero, sus capillas desconocidas para el extranjero. Por eso digo que es importante saber mirar. Mirar la belleza que nos asalta en pequeños detalles a lo largo de cualquier paseo. Y eso diferencia al que vive en Florencia del que vive Florencia.

Y mirad lo que me he encontrado yo a lo largo de mis idas y venidas, acá y allá.



Parecen nazarenos, ¿verdad? Pues vamos a verlos más de cerca:

 ¡Van vestidos igual que los nazarenos! ¿Y por qué? Parece ser que eran miembros de cofradías religiosas, que se encargaban de atender a los enfermos, y de otras obras de piedad. Tengo que investigar más sobre ellas, porque me han dicho que hoy día sigue habiendo algunas de ellas.



Por cierto, son cerámicas, y, al menos esta última, es de Luca della Robbia, escultor y ceramista del s. XV, muy famoso por aquí.

Bueno, ragazzi. Espero que os haya gustado descubrir esta pequeña sorpresa de las muchas que esconde Florencia.

Por lo demás, que sepáis que estoy bien, y por lo que me han dicho, se me está pegando el acento toscano al hablar italiano. Y eso es buena señal.

Ci vediamo dopo!

1 comentario:

  1. Te seguiré, te leeré y seguro que me vuelves a sorprender con 1000 cosas más.
    un abrazo desde milano!

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